Tercera semana de Adviento
 
 

Laudes del día:

15/10/2015
15 de octubre de 2015, jueves de la semana XXVIII del Tiempo Ordinario. Del Común de las Vírgenes por Santa Teresa de Jesús, virgen, y doctora. (Fiesta).
Oración de la mañana (laudes)

Oraciones del día descargables en PDF aquí.

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO
Vuestra soy, para Vos nací,
¿Qué mandáis hacer de mí?
Soberana Majestad,
Eterna sabiduría,
Bondad buena al alma mía,
Dios, alteza, un ser, bondad,
La gran vileza mirad
Que hoy os canta amor ansí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Vuestra soy, pues me criasteis;
Vuestra, pues me redimisteis;
Vuestra, pues que me sufristeis;
Vuestra, pues que me llamasteis;
Vuestra, pues me conservasteis;
Vuestra, pues no me perdí.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Veis aquí mi corazón,
Yo le pongo en vuestra palma
Mi cuerpo, mi vida y alma,
Mis entrañas y afición;
Dulce Esposo y redención,
Pues por vuestra me ofrecí
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida:
Dad salud o enfermedad,
Honra o deshonra me dad,
Dadme guerra o paz cumplida,
Flaqueza o fuerza a mi vida,
Que a todo digo que sí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
Dadme consuelo o desconsuelo,
Dadme alegría o tristeza,
Dadme infierno o dadme cielo,
Vida dulce, sol sin velo,
Pues del todo me rendí.
¿Qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que este holgando,
Quiero por amor holgar,
Si me mandáis trabajar,
Morir quiero trabajando.
Decid, dónde, cómo y cuándo.
Decid, dulce Amor, decid.
¿Qué mandáis hacer de mí?

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1: Se sació en ti el alma de tu esposa y se alegró de las cosas que le dijeron.

SALMO 62: El alma sedienta de Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1: Se sació en ti el alma de tu esposa y se alegró de las cosas que le dijeron.

Antífona 2: Cantadle por el éxito de su trabajo; que sus obras la alaben en la plaza.

CÁNTICO: Toda la creación alabe al Señor
Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
 ensalzadlo con himnos por los siglos.
 
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
 cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio bendecid al Señor;
 ejércitos del Señor, bendecid al Señor;
 
Sol y luna, bendecid al Señor;
 astros del cielo, bendecid al Señor;
 
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
 vientos todos, bendecid al Señor;

Fuego y calor, bendecid al Señor;
 fríos y heladas, bendecid al Señor;

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
 témpanos y hielos, bendecid al Señor;

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
 noche y día, bendecid al Señor;

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
 rayos y nubes, bendecid al Señor;

Bendiga la tierra al Señor,
 ensálcelo con himnos por los siglos.
 
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
 cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
 
Manantiales, bendecid al Señor;
 mares y ríos, bendecid al Señor;

 Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
 aves del cielo, bendecid al Señor;
 
Fieras y ganados, bendecid al Señor;
 ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
 bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
 siervos del Señor, bendecid al Señor;
 
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
 santos y humildes de corazón, bendecid al Señor;

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor;
 ensalzadlo con himnos por los siglos.
 
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
 ensalcémoslo con himnos por los siglos.
 
Bendito el señor en la bóveda del cielo,
 alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Antífona 2: Cantadle por el éxito de su trabajo; que sus obras la alaben en la plaza.

Antífona 3: Ésta es la virgen sensata, una del número de las prudentes.

SALMO 149: Alegría de los santos
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 3: Ésta es la virgen sensata, una del número de las prudentes.

LECTURA BREVE: (Sb 7, 7-8)
Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza.

RESPONSORIO BREVE
V.
Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro.
R. Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro.
V. Tu rostro buscaré, Señor.
R. Buscad mi rostro.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Oigo en mi corazón: Buscad mi rostro.

Antífona Benedictus: Ésta es la virgen prudente que, unida a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial.

CÁNTICO DE ZACARÍAS
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que libres de temor,
arrancados de la mano de nuestros enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamaran Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas,
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona Benedictus: Ésta es la virgen prudente que, unida a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial.

PRECES
Glorifiquemos a Cristo, esposo y corona de las vírgenes, y supliquémosle, diciendo:
Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.
Oh Cristo, a quien las vírgenes amaron como a su único esposo,
- concédenos que nada nos aparte de tu amor.
Tú que coronaste a María como reina de las vírgenes,
- concédenos, por su intercesión, servirte siempre con pureza de corazón.
Por intercesión de las santas vírgenes, que te sirvieron siempre con fidelidad, para alcanzar la santidad de cuerpo y alma,
- ayúdanos, Señor, a que los bienes de este mundo que pasa no nos separen de tu amor eterno.
Señor Jesús, esposo que has de venir y a quien las vírgenes prudentes esperaban,
- concédenos vivir en vela, esperando tu retorno glorioso.
Por intercesión de santa Teresa de Jesús, que fue virgen sensata y una de las prudentes,
- concédenos, Señor, la verdadera sabiduría y la pureza de costumbres.
 Se pueden añadir algunas intenciones libres.

PADRE NUESTRO

ORACIÓN:
Señor Dios nuestro, que por tu Espíritu has suscitado a santa Teresa de Jesús, para mostrar a tu Iglesia el camino de la perfección, concédenos vivir de su doctrina y enciende en nosotros el deseo de la verdadera santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

 

 
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